La Sangre Del Alma 05/08/2010
Dame hijos, o si no, me muero”. Genesis 30:1…………….(Lee la historia) Este grito desgarraba el Corazón de Jacob como una espada desgarraría su carne. El nacimiento de un hijo natural es precedido por meses de carga y días de dolor. Así es el nacimiento de un hijo espiritual. Pablo oraba “noche y día… con vehemencia” por la iglesia de Galacia por la cual sufría dolores de parto (Gálatas 4:19). Él tuvo muchos hijos espirituales con fuertes dolores de parto, muchos de los cuales los sufrió en la cárcel (Filemón.10), donde dejó las paredes manchadas con la sangre de su alma. Willian Carey sufrió un embarazo de 7 años para “dar a luz” a su primer hijo espiritual en la India. Judson en Birmania y Knox que dijo: “Señor, dame a Escocia o me muero”. Sus almas sangraron por las almas perdidas y al fin fueron padres de muchos hijos, espiritualmente hablando… El alma de Jesús sangró por cada uno de nosotros. Él oró por su iglesia, pero antes de este nacimiento espiritual, derramó su sangre por ella. Raquel, había sido presa de su dolor, pasmada de vergüenza y humillada por su esterilidad; pero su doloroso grito “¡Dame hijos o si no, me muero!” fue atendido, y engendró a José que salvó la nación. Querido hermano, querida hermana, si tu alma es estéril, si las lágrimas están ausentes en tus ojos, si los convertidos están ausentes en tu iglesia, ¡no te conformes con tu popularidad! ¡Rehúsa el consuelo de tus títulos o los libros que hayas escrito! Y con sinceridad invita al Espíritu Santo a inundar tu corazón de dolor, porque te das cuenta que espiritualmente eres incapaz de tener hijos. Deja que tu alma sangre por los perdidos. Dile a Dios como Raquel a Jacob: “Dame hijos, o si no, me muero”. Nuestros órganos eléctricos, nuestros pasillos alfombrados, nuestras decoraciones, nuestras semanas especiales, nuestras fiestas solemnes, si la cuna está vacía- ¡de que sirven! Es triste que en muchos santuarios donde se “adora” a Dios sólo se escuchan los gritos histéricos de las emociones desordenadas que descarrilan y perturban los propósitos divinos y, confunden las vidas que con sinceridad buscan a Dios. Y donde están ausentes los benditos gritos de los recién nacidos que son los que arrancan un cántico de gozo a los cielos, producto de la profunda pasión de una iglesia que agoniza y sangra su alma por los perdidos… el mundo sería mejor, si nuestras almas sangraran por Él. Digamos al unísono, con profunda pasión: ¡Señor dame hijos, o si no, me muero! Feliz semana les desea. El pastor. CommentsLeave a Reply |
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