Decepción 05/08/2010
Decepción es, según el diccionario enciclopédico Océano, “pesar causado por un desengaño”. “Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenia un cinturón de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langosta y miel silvestre. Y salía a el Jerusalén, y toda Judea y toda la provincia de alrededor del Jordán” (Mateo 3:4-5) Tal parece que muchos de los que habían oído hablar de Juan el Bautista fueron al desierto esperando ver algo muy diferente a un hombre de aspecto físico no muy agradable, barbudo, vestido rústicamente y de una alimentación no muy apetitosa. ¿Qué esperaban ver ellos según las palabras de Jesús?: ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Un hombre elegantemente vestido, con vestiduras delicadas? ¿Qué salisteis a ver? Mi imaginación me hace pensar que se oiría por doquier a muchos decir: ¡Yo te lo dije! Jesús tuvo muchas razones para sentirse decepcionado: Sus discípulos a los que les dedico 3 años de una vida encarnada de vivo ejemplo; le traicionaron, le negaron, se olvidaron de sus enseñanzas, no creyeron que había resucitado, etc. El no se decepciono porque vino consciente de su misión, la cual no dependía de la actitud de las gentes. El había venido a dar y no a recibir. Otros han venido con otros intereses, pero Jesus dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn. 10:10) Sylvia Plath parece haber tenido esa experiencia cuando dice: “Si nunca esperas nada de nadie, nunca te decepcionaras”. ¿Por qué estamos donde estamos? ¿Cuál es la razón de mi experiencia actual? La iglesia esta necesitada, no de los que buscan la excelencia, sino de los que están dispuestos a luchar para lograrla. No te decepciones, hermano, hermana, tu y yo hemos sido puestos donde estamos con un propósito divino. Descubrámoslo y empecemos a vivir la experiencia que deseamos tener. ¡Adelante! Feliz semana te desea, El Pastor. CommentsLeave a Reply |
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